Ante el fallecimiento de un bebé en el seno materno, la culpa es un sentimiento muy común en las madres, aunque se hable poco. Quizá, como madre, te sientes culpable, creyendo que, si vuelves atrás, podrías hacer las cosas de otro modo y que podrías haber hecho “lo correcto” en momentos que no lo hiciste. Parece que tiene que haber un motivo, un por qué, y que ese motivo puede estar en ti.
Una puede sentir que su hijo/a no ha vivido lo que podía haber vivido, que podría haber sido distinta su historia, que se podía haber hecho algo diferente... Aunque a veces nos gustaría, se hace imposible controlar cada detalle de la vida de nuestros hijos, hay muchos factores que influyen en sus vidas y no depende todo de los padres. Solo podemos hacer hasta donde llegamos, y el resto no está en nuestra mano. En vuestras manos está el amar a vuestro bebé, y lo habéis hecho, y lo hacéis. Ninguna madre falla cuando ama, y puedes seguir amando a tu bebé cada día, sin acusarte por lo ocurrido, descubriendo una relación diferente con él, recordándolo, integrándolo en la familia, contando con él y con su presencia que estará siempre.
“La culpabilidad es una tentación que yo creo que tenemos todas las madres y siempre tenemos ese pensamiento, incluso cuando los hijos están ya crecidos, de: ‘lo estoy haciendo mal’, ‘esto lo tenía que haber hecho de esta manera’, o incluso ‘no le tendría que haber dado salchichas para cenar’. (...) Los hijos no son algo mío. Los cuido como puedo y los quiero, y sí, son mis hijos, pero no es mi posesión ni controlo todo” (Pablo y Sara, padres de Marta).
✨Dios hace nuevas todas las cosas
A veces, se siente una culpabilidad sin motivo, sin haber algo concreto que se haya hecho mal. Sin embargo, en otros casos, puede haber un momento concreto del embarazo o previo a él que pueda estar sembrando la duda de si realmente se es culpable de este fallecimiento. En el caso de que así fuera, en el caso de haber hecho algo nocivo para tu bebé, por la fe creemos que Dios recrea la historia. Él cuenta con todo lo que somos y hacemos para hacer cosas increíbles. Si fuera por nuestra debilidad y por lo que somos, probablemente no podríamos tener la gran mayoría de cosas, personas, proyectos, etc., que tenemos. Pero Dios hace todo nuevo, construye con la debilidad, no le asusta. Puede parecer todo estéril y, ahí, Él es dador de Vida. Construye nuestras relaciones más allá de la debilidad, nuestros caminos, y también lo hace con vuestro bebé.
En este sentido, puede parecer un fracaso de Dios, ya que el bebé ha fallecido, que no ha podido dar vida en medio de vuestra debilidad o vuestro “error”. Pero, normalmente, la historia de Dios es inimaginable. No cumple su promesa como nosotros esperábamos. No sabemos qué historia de amor, de unión, de esperanza, de luz, puede crear a partir del fallecimiento de vuestro bebé. A Dios no se le escapa nada de lo que vivís, y esto tampoco. Está recreando, construyendo, insuflando vida donde ahora no se ve. Su poder creador es mucho más fuerte que vuestros errores. No termina la vida aquí, se abre una vida nueva que hay que ir descubriendo: un nuevo modo de relación con vuestro/a hijo/a, una nueva manera de uniros como matrimonio, una manera nueva de mirar al Cielo...