Perder a un/a hijo/a durante el embarazo, en el parto o poco después es algo que llega de repente y no os encuentra preparados, la vida de vuestro bebé ya había cambiado la vuestra, aun sin estar todavía en vuestros brazos. Vuestro/a hijo/a existe, es amado y siempre vais a recordarlo/a. Para ello, tener algún recuerdo tangible puede ser una ayuda. Al principio puede parecer que guardar sus recuerdos es aferrarse al dolor, pero este dolor puede ir transformándose con el tiempo en más luz, y tener recuerdos puede suponer un reconocimiento del lugar de vuestro/a hijo/a en vuestra historia y en vuestro corazón. Este pequeño espacio nace de ese amor: un rincón donde conservar lo que fue, lo que sentís y algo tangible de quien amáis y siempre será parte de vosotros.
Puede que tener algo tangible ayude a recordar que, aunque no habéis estado con él/ella como soñabais, su presencia y existencia es real y, con el tiempo, serán recuerdos que hablarán más del amor que del dolor. No hay una forma correcta de atravesar este duelo, pero sí existen pequeños gestos que pueden ayudaros a sostener el amor cuando la presencia física ya no está. Guardar una imagen, escribir una carta, pronunciar su nombre… Cada familia elige cómo recordar y tener presente a este bebé que, aunque ya no se puede percibir con los sentidos, seguirá en el corazón y en vuestra vida de un modo nuevo, uniendo a su familia de la Tierra con el Cielo, como este niño que “irá delante del Señor a preparar sus caminos” (Lc 1, 76).