Enterrar o incinerar a vuestro bebé puede parecer a veces un modo de alargar el dolor que estáis viviendo al saber que vuestro bebé ha fallecido. Ver a vuestro bebé, sostenerlo, despedirlo, velarlo, enterrarlo… parece que solo extenderá el sufrimiento. Sin embargo, recuperar el cuerpo de vuestro bebé no agrava la herida: permite darle espacio a esto que ha ocurrido, cuidar a vuestro bebé hasta el final, acompañarlo, reconocer su dignidad... ya que taparlo puede ser a la larga más doloroso: “Vivir esta situación de esta manera y con este acompañamiento ha sido sanador” (Patricia y Javier, padres de Moisés).
En la página de inicio podéis ver los pasos que seguimos en esta despedida y entrega de vuestro bebé. Son pasos que pueden ayudar a descubrir el amor y la dulzura en el dolor. Para integrarlo en la familia y reconocer su vida, os animamos también a ponerle nombre.
✨Como María y José que, admirados y desconcertados al mismo tiempo con todo lo ocurrido, recibieron al niño y le pusieron su nombre, acogiéndolo en su historia y en su familia: “Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. (...) Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción” (Lc 2, 16-21).